Comenzamos a andar sobre las 6:30 (teníamos reserva para cenar en el refugio a las 8 (un error por nuestra parte). Yo pasito a pasito a las 7:59 estaba al inicio de la pequeña trepadilla que hay ante la entrada del refugio. Dejé la mochila y a por la cena (sobre las 8:05 -8:10 pm) y cual fue mi sorpresa que todo el mundo me miraba...hasta que me dí cuenta que iba infectada de picaduras de mosquito. La cena aparte de ser muy floja no teníamos hambre, entre el esfuerzo, hacía poco que acábabamos de comer y yo que cada vez me iba poniendo peor por los mosquitos, no la teníamos que haber reservado.
Ya en la habitación, gracias a Daniel (en verdad Emili) y Ana que me ofrecieron ponerme una pomada para las picaduras, tuve un poco de calma (en un brazo contando llegamos a 40 picaduras aburridos dejamos de contar y poner la pomada en todo el otro brazo, las piernas y la espalda).
La noche fue agitada entre la fiebre, los nervios, la emoción de lo desconocido y el no saber mi reacción ante lo que nos pudiéramos encontrar, aún así nos levantamos a las 5:30 para desayunar y ponernos en marcha sobre las 6:30. Paco, Nuria y un grupo de gente había llegado sobre las 2 de la madrugada.
Una vez desayunados, piolet y crampones en la mochila, botas y ya preparados como Juan acababa de llegar iniciamos la marcha. Por eso de que yo soy muy lenta, al principio fue muy duro para mí, recurrí a los sorbitos del gel y fui poco a poco entrando en calor hasta que llegamos a la canal fonda.
Allí el segundo contratiempo, un crampon entraba bien en la bota, pero el otro venía demasiado olgado, ajuste de los mismos, y aún así a los dos o tres minutos de comenzar se me salió, vuelta a ajustar, repase el otro también y ya no hubo problemas.
Bien por un lado, primer escollo resuelto, Juan me ofreció quedarse para acompañarme, pero no sé si fue por orgullo o porque lo vi con tantas ganas de seguir adelante que le dije que no hacia falta. Inicie la marcha siguiendo a Ana, hasta que en un momento viendo que Emili no continuaba decidió esperar y yo chano chano seguí adelante en solitario.
Llegué a una especie de valle donde confluían lo que parecía varios canales de nieve y enfrente se veía una pendiente un poco más pronunciada dónde había un hillillo de gente, unos detrás de otros y pasito a pasito me enfrenté a la
misma con los palos (la nieve estaba blanda y era casi como subir escalones siguiendo las pisadas de los montañeros que me iban pasando por delante, lo que también me facilitaba el ascenso hasta el collado (unos 300 metros según el mapa), donde apareció fresco como una rosa y con la banderita en la mochila, lagartija. Nos quitamos los crampones y yo estuve charlando en inglés con una francesa que estaba dudando si seguir o no hacia arriba.
Continué marcha hacia arriba, entre unos 3150 y 3200 metros más o menos vi a Juan, aurora y clara que ya iban de bajada seguidos por Luís y campanilla y decidí que mi meta estaba ahí, me ofusqué y renuncié a seguir subiendo...para qué seguir ? aunque estaba asustada por la bajada, creo que más que asustada y con lágrimas en los ojos me pregunté qué hacia ahí y como me iba a enfrentar a ella? No había ansiedad ni excesivo miedo pero si la cuestión de por qué subir una montaña?, para qué seguir si el paisaje que podía admirar desde donde yo estaba ya era muy impresionante, quizás más que arriba ya que se había metido la niebla y se veía muy cerrado, me acordé del libro de Iñaki Ochoa de Olza, Bajo los cielos de Asia, cuando se quedó en la ante-cima (sólo porque le apeteció), no recuerdo de que ocho mil en concreto... buscaré el dato... qué diferencia hay entre estar arriba o un poco más abajo....(yo estaba un poco bastante más abajo...claro y en Pirineos....pero para mí ya es mucho......) Pero la gran pregunta que me invadió fue esa característica tan mía que cuando tengo un triunfo a punto de caramelo me entran ganas de dar la vuelta y no seguir luchando y renunciar.....
Una pregunta que fue dando vueltas en mi cabeza y decidí que tenía que analizarla a fondo .... la excusa fue que no quería bajar sola, pero bajé sola cuando llegué al collado, juan, aurora y clara estaban subiendo al Diente de Llardana, entonces yo me puse los crampones y seguí a Miguel.........lo cuál quizás fue una suerte....pues pude ver la piedra que se desprendió y avisar. Después del último trozo de la canal que hice con Juan, nos quitamos los crampones y nos fuimos al riachuelo a picar algo y mojarnos los pies.
Después iniciamos la bajada, empecé sóla y la acabé sóla (disfrutando un poco del momento).

En el camino coincidí con diferentes grupos de gente, unos que subían, otros que bajaban e iban más rápidos, y una pareja, el húngaro y ella inglesa, encantadores con los que estuve comentando la excursión, pero lo que más me alegró fue el encuentro con un par de
jovencillas que iban a dormir en la zona del riachuelo, para iniciar el ascenso al día siguiente .... como me alegró verlas ahí a las dos disfrutando del monte mano a mano, quizás, al menos para mí, lo bonito del camino es la gente que te vas encontrando y la sonrisa de complicidad que surge por ir y/o venir del mismo sitio, sólo te cruzas dos o tres palabras pero la cara y la sonrisa te iluminan...... eso es lo importante, me acuerdo que aunque me dolían un poco los pies me sentí más ligera...
Cuando llegué al refugio estaban con unas cervecitas, yo me pedí mi acuarios (jajajaj me gusta más así) y compartir esos momentos de compañerismo.... la ducha decidí reservarla para después de cenar para acostarme fresquita, sobre todo por las picaduras, me empezó otra vez la fiebre....después de cenar me tomé un atiestamínico que me dio Ana y dormí como un lirón.


Comimos en Graus en una terraza estupendamente y a las 5 de la tarde más o menos para Valencia....
Cosas positivas: los crampones ya los tengo controlados, las botas se portaron muy bien, solo cuando estas por los mil metros son muy calurosas, necesito calcetines más fresquitos, las cuestas se bajan según esté la cabecita y por supuesto el cuerpo porque ya fríamente detecte que llevaba más de 100 picaduras de mosquito en el cuerpo y objetivo conseguido....ya no tengo miedo a Pirineos para hacer una ruta todo es cuestión de tiempo, tesón e ir al ritmo que te sientas cómodo. Las cimas son otra cosa ........ a por la siguiente salida .........
Para los que quieran ver el resto de fotos que hice puede pinchar AQUÍ
Hay una entrada relativa a una entrevista en Desnivel con Messner....que dice entre otras cosas que: "..... el alpinismo empieza dónde acaba el turismo...."......
Yo siempre me he preguntado por qué esos retos del más difícil todavía cuando muchas veces vivir ya es un reto en si mismo, quizás hay retos físicos, hay retos mentales y quizás también la superación de unos te ayuda a superar los otros y viceversa ..... pero hay un capítulo en el libro de Lionel Terray, los conquistadores de lo inútil, que habla sobre la amistad, la pregunta que se hace es, ¿tu compañero de cordada es tu amigo? ..... y la respuesta: NO, si no que hay amigos que son compañeros de cordada, hay compañeros de cordada que nunca seran amigos, y hay gente con la que te juntas haces una montaña y ya no te vuelves a ver más. Y yo lo que entiendo es, que subir montañas, como leer libros o cualquier tipo de coleccionismo lo único que te aporta es ese ir llenando esos vacios a las personas que no nos conformamos sólo con vivir si no que necesitamos más de no se sabe qué....